A 50 años del lanzamiento de Sabotage, el sexto álbum de Black Sabbath, aún se recuerda como uno de los discos más intensos de la banda británica, tanto por su sonido como por la historia que lo envuelve. Pero si bien el contenido musical logró consolidarse como uno de los más crudos y sinceros de la era clásica de Sabbath, su portada fue objeto de burla inmediata y se convirtió en uno de los peores desaciertos visuales del rock. ¿Cómo fue que una imagen tan desastrosa terminó representando a una de las bandas más oscuras y pesadas del metal?
Entre demandas, frustración y genialidad musical
El contexto en el que nació Sabotage fue de auténtico sabotaje personal y profesional. En 1975, Black Sabbath estaba inmerso en una feroz batalla legal contra su entonces mánager Patrick Meehan, a quien habían despedido tras años de desconfianza financiera. A pesar de sus éxitos rotundos con discos como Paranoid, Vol. 4 y Sabbath Bloody Sabbath, los miembros del grupo seguían sin ver reflejados esos logros en sus cuentas bancarias.
Este clima de presión y traición quedó plasmado en cada acorde de Sabotage. Tony Iommi, el maestro de los riffs, endureció aún más su guitarra para canalizar la furia. Geezer Butler, el principal letrista, vertió todo su veneno lírico en canciones como «The Writ», donde Ozzy Osbourne lanza una de sus interpretaciones más crudas: «You bought and sold me with your lying words».
“La grabación fue un caos total”, reconoció Butler en diversas entrevistas. Y no era para menos. Mientras trataban de terminar el álbum en Morgan Studios, en Londres, los abogados de Meehan irrumpían para entregar órdenes judiciales. La rutina del cuarteto era ir al juzgado por la mañana, vestidos de traje, y luego regresar al estudio a grabar canciones que destilaban frustración y rabia.
Una portada improvisada y un error irreversible
Lo que debería haber sido un retrato poderoso terminó siendo un accidente gráfico. La sesión de fotos que se convirtió en la portada del disco nunca estuvo planeada como definitiva. Según los técnicos de la época, Black Sabbath pensó que era solo un ensayo. Acordaron una imagen conceptual basada en espejos y reflejos —como metáfora del sabotaje psicológico y profesional que vivían—, pero los detalles importantes se dejaron al azar, incluida la vestimenta.
Bill Ward, el baterista, terminó vistiendo unas mallas rojas extremadamente ajustadas que no eran suyas. “Mis jeans estaban muy sucios, así que le pedí prestadas las medias a mi esposa… y para que no se me viera todo, usé los calzones de Ozzy”, relató entre risas años después. Ozzy, por su parte, apareció con un kimono que terminó siendo el blanco de memes antes de que existieran los memes. Iommi y Butler, con atuendos más convencionales, tampoco sabían que esa imagen se utilizaría como portada oficial.
La idea original de los diseñadores era superponer imágenes más trabajadas en la etapa de postproducción, pero por razones nunca esclarecidas, esa fotografía apresurada terminó en la portada final. Y así, Sabotage se convirtió en una de las portadas más infames del hard rock, figurando regularmente en listas de “los peores diseños de la historia”.
De la tragedia estética al triunfo musical
A pesar de la polémica portada, el contenido musical de Sabotage fue recibido con respeto por los fans más fieles. Temas como “Symptom of the Universe” anticiparon el thrash metal por venir, y canciones como “Megalomania” o “Hole in the Sky” demostraron que Sabbath seguía expandiendo su paleta sonora con creatividad y peso emocional.
Sin embargo, el contraste entre la fuerza del álbum y su imagen visual fue tan marcado que muchos críticos de la época simplemente no lo entendieron. Décadas después, los propios miembros de la banda han reflexionado sobre aquel episodio como una metáfora perfecta del estado emocional en el que se encontraban.
“El diseño pretendía ilustrar la idea de un sabotaje, y terminó siendo víctima de uno”, escribieron David Tangye y Graham Wright, miembros del equipo técnico del grupo en los años 70. Y Geezer Butler lo resumió con brutal honestidad: “Caos personificado”.
Un legado que sobrevive al ridículo
Hoy, Sabotage es considerado una joya de culto. No tiene la fama universal de Paranoid ni el misticismo de Master of Reality, pero su crudeza emocional y su producción visceral lo han convertido en un favorito para los seguidores más apasionados de Sabbath. Incluso la portada, por absurda que parezca, ha ganado un extraño encanto con el paso del tiempo, simbolizando el momento exacto en que la banda estuvo al borde del colapso y aún así entregó uno de sus trabajos más potentes.
Porque si algo representa realmente esa imagen llena de espejos y atuendos disparejos, es que en medio del caos, Black Sabbath todavía era capaz de brillar con brutal honestidad.


