Si tuviera que hacer una lista de los mejores guitarristas europeos, Gary Moore sería uno de los que colocaría dentro de los cinco mejores. Su carrera ecléctica, en la que pasó del jazz fusión al rock y del heavy metal al blues, es suficiente para convencer al crítico más cerrado de mente. Su período de esplendor llegó en los ochenta y no paró hasta los noventa, para mí su mejor etapa musical. Con una carrera con buenas críticas y con discos lleno de buen hard rock y heavy metal, finalmente es Run for Cover de 1985 el que lo elevó a la categoría de ser uno de los guitarristas más prometedores. Para esta producción invitó a varios amigos de la industria y nombres como Glenn Hughes, Bob Daisley, Don Airey y Phil Lynott dijeron presente. Retomando las reseñas de los discos de Gary Moore, hoy es el turno de Run for Cover.
El álbum parte con «Run for Cover», cuya introducción creada por un sintetizador (puede ser también una guitarra sintetizada, un instrumento muy usado a mediados de los ochenta) es entusiasta. Si bien el riff y la melodía tienen una calidad sobresaliente, no es una pista inicial aplastante. «Reach for the Sky» toma la elegancia del pop rock, pero a ratos es posible notar cierto aire blusero, particularmente en la parte del solo. Además, es curioso que en los coros que preceden al estribillo, exista un determinado préstamo del soft rock. Un tema lejos del hard rock y metal habitual de Moore, pero es buena. «Military Man», la primera del álbum en que Lynott figura como vocalista invitado, es dramática. Su letra, con sentido de antiguerra, es elevada pero a la vez atenuada por la música; una de las mejores canciones del disco. «Empty Rooms» es en realidad una nueva versión, ya que esta power ballad figuró en Victims of the Future de 1983, cuyo gran cambio es el protagonismo que le dan a los teclados. Aunque es preciosa, me quedo con la versión original solo por la extensión del solo de guitarra. «Out of System» sigue la tendencia pop de «Reach for the Sky», pero a diferencia de ella, esta no me conquistó.
La segunda sección comienza con el ya clásico «Out in the Fields», la mejor del álbum y una de las más destacadas en la carrera de Moore. Está tan bien elaborada que cada parte es genial: la conjunción de las voces de Moore y Lynott, el solo de guitarra, los arreglos de los teclados y el estribillo logran una nota alta. Además, ese enfoque lírico por y para su tierra irlandesa es, de cierta forma, el augurio de lo que fue Wild Frontier de 1987. «Nothing to Lose» y «Once In a Lifetime» se van por el camino del sonido estadounidense de agrupaciones como Night Ranger o Alcatrazz, mientras que «All Messep Up» retoma su clásico hard rock europeo. La pista final, «Listen to Your Heartbeat», es la mayor curiosidad del disco. Su melodía es tan eficaz que uno se olvida de su sonido empecinado por los teclados y sintetizadores.
Run for Cover es el primer álbum de Gary Moore que llamó la atención comercial y eso lo consiguió gracias a la mezcla sabia de dos sonidos de la época: primero, el estilo pesado que desarrolló en Corridors of Power (1982) y Victims of the Future (1983), y segundo, un elegante pop rock. Es este último el que funge como actor principal en gran parte del disco, pero no es empalagoso, ya que toma un rol secundario en el momento que se requiere. Tal vez muchos encuentren que no posee la porción adecuada de hard rock (ni menos de metal) que nos tenía acostumbrado Moore hasta entonces, pero hay que reconocer la astucia del guitarrista que, al momento de explorar en otros estilos, lo hace bien. Sin embargo, Run for Cover no es la gran cosa dentro de su carrera, ya que a pesar de tener algunas de sus canciones más icónicas de los ochenta («Run for Cover», «Military Man», «Out in the Fields» y una renovada «Empty Rooms») es un álbum que no es ganador ni perdedor, solo un competidor que quedó en las posiciones medias.

