Históricamente, Argentina ha sido una tierra productora de grandes nombres de la música en español, desde la escena más popular hasta la underground. Artistas como Virus, Soda Stereo o Charly García acapararon la escena ochentera del rock latino, llegando a varios otros mercados vecinos con bastante éxito. Pero también el país transandino tuvo espacio para el heavy metal, con exponentes como Riff o Rata Blanca. Sin embargo, en esta ocasión hablaré de otro de los grandes nombres del metal argentino: V8. Nacidos en 1979, en pleno auge del «hippiesmo» nacional con la canción protesta y el folk rock como himnos, la banda, al igual que su coterránea Riff, se fue por el camino de la Nueva ola del heavy metal británico y realizaron una agresividad sonora poco vista en el país. Aunque tardaron cuatro años en debutar con un disco, V8 tenía un público cada vez más numeroso, por lo que no eran unos desconocidos para la escena de Buenos Aires. En celebración de sus primeros cuarenta años y en homenaje al fallecido Ricardo Iorio, seguimos Luchando por el metal.
Con el sonido de un motor acelerando, el álbum comienza con «Destrucción», un metal inspirado en la NWOBHM, porque la rapidez y agresividad tomada de esa escena británica es evidente. Sería de locos que una banda que se hace llamar como uno de los motores más poderosos no parta con una canción brutal. «Parcas sangrientas», al puro estilo de Motörhead, mantiene la velocidad inicial como si en ningún momento le quitara el pie del acelerador. «Si puedes vencer al temor» baja la caja de cambios de quinta a tercera, ya que es un tempo medio con un teclado como protagonista. Siendo la canción más extensa, hay espacio suficiente para que el solo de guitarra se luzca en más de una ocasión, como también para que haya cortes y modificaciones en la progresión. A esta la encontré interesante porque su composición es una mezcla de varios elementos clásicos, de hecho, el teclado añade una cierta referencia a Blue Öyster Cult, pero el poderío de la guitarra me recordó un poco a Angel Witch. «Ángeles de las tinieblas» es otra pista que rememora el metal clásico en su esencia como género agresivo y directo; la batería va con todo.
La letra de «Tiempos metálicos» es, podría decirse, un mensaje sin desviaciones a la crisis interna argentina, recordar que era post-Malvinas. Su música, por su parte, se asemeja a un punk rock. «Muy cansado estoy» es un metal «más calmado», más cercano al hard rock, pero con otro mensaje potente de crítica social. Cuando dice «la corrupción» con ese tono tan ronco, era como oír a Lemmy Kilmister. Los riffs y las progresiones musicales de «Brigadas metálicas» y de «Torturador» podrían haber sido fácilmente composiciones de Plasmatics; nada que envidiarle a las bandas europeas o estadounidenses. Con la participación de Pappo, el vitoreo culmina con «Hiena de metal», una canción inspiradísima en Motörhead. Aunque es la más corta del álbum es extremadamente potente.
Luchando por el metal es como abrir a patadas una puerta usando un bototo con punta de fierro; poder, potencia, técnica, agresividad y rapidez serían las palabras claves para definir este debut. Como el nombre de la banda lo indica, es como mantener un motor V8 a la máxima revolución posible. Si bien es bastante corto en duración, va directo al hueso; en ese sentido, es como un álbum de punk en teoría, pero es un disco de metal clásico en la práctica. Aunque nació por estos lugares del hemisferio sur, este trabajo compite directamente con la calidad de los álbumes de la Nueva ola del heavy metal británico de 1980 o 1981. De hecho, la influencia de agrupaciones como Motörhead o Venom es tan notoria, que no tiene nada que envidiarles. Inclusive, yendo para el otro lado del Atlántico, sonoramente es muy similar al heavy metal y speed metal de las canadienses Exciter y Anvil, así que es una obra que no tiene porqué achicarse ante las concebidas en inglés. En resumen, el debut de V8 no pretende sonar como un álbum de la NWOBHM, sino más bien es el hijo perdido de ese movimiento musical. Como dirían los angloparlantes, Luchando por el metal es un «brother from another mother» con mayúsculas.
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