🔄 Actualizado: 17 enero 2024, 14:50
Después de varios años de trabajo constante, finalmente los alemanes estaban en un punto de no retorno al inicio de los ochenta, década que les brindó toda la gloria que merecían. Lovedrive de 1979 y Animal Magnetism de 1980, los posicionaron en su sitio en los Estados Unidos y, esos fanáticos de la hamburguesa, querían más del veneno del escorpión. En 1981 se suponía que Scorpions editaría un nuevo disco, pero los años de esfuerzo le jugaron una mala pasada a Klaus Meine, ya que su voz ya no alcanzaba los tonos altos ni podía mantener su registro. Este severo problema lo llevó a considerar su profesión, ¿era posible que un cantante de rock pudiera salir de ese embrollo? La respuesta decía no, pero motivado por sus compañeros, el pequeño gigante alemán buscó por todos lados una solución, hasta que llegó a Austria, para tratarse con un médico experto en vocalistas de ópera. Después de dos cirugías, un largo reentrenamiento vocal y la participación temporal de Don Dokken, Meine volvió al ruedo de una manera única y con un álbum que dejó a todos boquiabiertos, Blackout.

La canción homónima, «Blackout», parte con uno de los riffs más eficientes escritos por Rudolf Schenker, un heavy metal increíble, cuya letra trata sobre el «apagón» después de consumir tanto alcohol. El estribillo es totalmente ganchero y pegadizo, y la actuación de todos los músicos es sublime. El tema termina con un sample de un vidrio quebrándose, un reflejo de este poderío alemán. Sin descanso y con un clásico palm muting, «Can’t Live Without You» celebra el constante apoyo de sus fanáticos. Acá nuevamente el riff es extremadamente bueno; se nota que Schenker estaba inspirado para esta producción. Este himno es comparable a la canción «Denim and Leather» de Saxon, en el sentido de que tributa a los fieles metaleros y a su subcultura, al headbanging y a las air guitars. Con un tono más calmado en los versos y estruendoso en el estribillo, «No One Like You» es un clásico de clásicos. Tercer riff de guitarra sin parón que se alza al cielo del rock pesado. Concebido para sus fanáticos estadounidenses más que nada, es un acierto sin precedentes en la historia de los alemanes, porque llegó al número uno de la lista Mainstream Rock Tracks de la revista Billboard, que mejor ejemplo para decir que 1982 fue el primer verdadero año del escorpión, al menos en ese mercado.
Siguiendo la misma estética de su antecesora, «You Give Me All I Need» es una canción con un toque de amor y desamor. Sus versos son más parecidos a un pop rock por la guitarra acústica y la sensibilidad de Meine, pero en el estribillo es donde el vocalista deja en claro que esto es rock pesado. «Now!» y «Dynamite» son las pistas raudas del disco, donde la velocidad es estable y sólida. Esto es heavy metal elevado a dos, en que Meine hace alarde de su voz y la banda se codea con el speed metal, aunque a su manera. De las dos, es «Dynamite» que sale triunfante, primero por el complicado riff de Schenker, las notas agudas de la guitarra de Matthias Jabs, el silencio de las guitarras en los versos y por la cohesión de los cinco músicos. La adhesión del bombo doble en los conciertos en vivo por parte del baterista Herman Rarebell, hace que «Dynamite» alcance una velocidad crucero y se posicione como un estruendo en las presentaciones en directo. Notable.

Lejos de la agresividad de las canciones previas, «Arizona» queda como el hermano puberto. El riff funciona como la maqueta del futuro «Rock You Like a Hurricane», y las letras sexuales de Rarebell hacen presencia. Obviamente funcionó en los Estados Unidos, especialmente en el estado de Arizona; no por nada cuando la banda iba a esa región la incluía en su lista de canciones. Un tema que sirve como banda sonora para un viaje en carretera, pero no es la gran cosa en comparación al resto del material. Como heredero de «Animal Magnetism», «China White» añade el tono sombrío al álbum. Independiente del significado de su letra, si es sobre el bien y el mal o sobre la droga alfa-metilfentanil, el riff ruge como un león encerrado en una jaula. La única queja es que es demasiado larga, lo que la hace repetir constantemente sus partes, pero igual es tremenda. La balada sentimental en esta ocasión queda a cargo de «When the Smoke is Going Down», brindándonos un aire de calma y grandiosidad. El sonido de las cuerdas de la guitarra suena relajante, mientras que Meine de nuevo se luce con su voz dulce. Dentro de sus baladas que no tratan sobre el amor, esta es una de mis favoritas. Un final digno para un álbum de lujo.

Blackout es la prueba fehaciente de que los problemas internos durante la grabación de un disco no debe reflejarse en el resultado final. Scorpions sufrió como nunca por el problema de Klaus Meine, asunto que a cualquier otro cantante lo hubiera hundido en la depresión. Pero es el compromiso y la unión de los músicos que hicieron que Meine surgiera como un ave fénix. Su voz no muestra ningún ápice de complicación, como si no hubiera pasado nada, eso sí, para los oídos de un fanático acérrimo de los escorpiones, se nota que su voz está más prístina y limpia, y eso me agrada, pero en ningún momento su estilo fue modificado. Absolutamente todo en este álbum es grandioso. El sonido, la calidad de las canciones, el profesionalismo, la inspiración para escribir poderosos riffs de Rudolf Schenker y la producción por parte de Dieter Dierks, hacen que Blackout sea definitivamente un contendiente a ser el mejor álbum de Scorpions. Pelea que tiene con Lovedrive (1979) más que nada, y que dependerá de cada uno para definir al ganador por cosas minúsculas. Al menos yo, ya escogí el mío.

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